Archive for the ‘Escritos’ Category

La partida pendiente

Posted by: admin   
Mayo 13th,
2008

La partida pendiente

Ese jueves Edmundo se despertó mas temprano de lo normal, antes del amanecer. La colcha que sostenía con ambas manos, al costado de la cara, le cubría hasta los ojos. Asomó la cabeza, sacándola de la colcha, como una tortuga cuando curiosa estira el cuello para examinar el alimento que tiene cerca de su nariz. Giró hacía un costado, frunció el ceño y trató de enfocar la vista en la cama de al lado, la cual se encontraba a un metro de la suya. Solo distinguió una masa uniforme. Estiró la mano temblorosa y tanteó en la mesa de luz hasta que dio con sus lentes. Se los calzó, volvió a voltear hacia el costado y allí pudo distinguir a Toto, su compañero de habitación. Este dormía plácidamente. Con la boca abierta enfocaba el techo; parecía uno de los monumentos de piedra de la Isla de Pascua, pero emitiendo un ronquido ensordecedor. Se incorporó costosamente en la cama y luego, con igual trabajo se paró. Alisó con ambas palmas de sus manos el traje azul con el que se había acostado la noche anterior, acomodó el nudo de su corbata y se dirigió con paso seguro hacia la puerta de la habitación.

Antes de que pudiera atravesar el umbral escuchó el chistar:

- Psss -

Volteó nervioso hacia la tercer cama, la que estaba contigua a la de Toto y allí descubrió a Ernesto que lo observaba a través de sus grandes lentes marrones.

- ¿A dónde va así vestido Edmundo? - Inquirió Ernesto

- Vuélvase a dormir Ernesto, voy al baño -

- ¿Tan vestido para ir al baño, tiene una cita con el mijitorio? -

- Duérmase hombre, deje de hacer bulla, esto no es asunto suyo -

Edmundo, reparó por un segundo en su aspecto. Acomodó sus lentes de grandes marcos negros unidos con cinta aisladora verde al medio y tanteó en un perchero contiguo a la puerta hasta que eligió una gran bata gris.

- Es… Esta fresco - Le dijo con voz temblorosa a Ernesto. Este hizo un ademán con la mano y diciéndole: - Está loco hombre -. Dio una vueltita y dándole la espalda se dispuso a dormir.

Edmundo asomó la cabeza por la puerta y observó nervioso a ambos lados de un largo pasillo. Entre la penumbra divisó un delantal blanco que se escondía furtivamente en un codo que se formaba a la izquierda del largo pasillo. Sin dudar, dando pasitos cortos, pero rápidos, lo máximo que podía, se dirigió hacia la derecha. Llegó hasta el extremo del pasillo, tomo aliento, contuvo su agitada respiración y asomó la cabeza cuidadosamente por un nuevo pasillo que se presentaba a su derecha - Con cuidado -. Pensó - Como lo hacen en la serie de policías que vemos los sábados a la tarde en la sala de descanso - Se dijo.

Miró su reloj. Lo acercó lo máximo a sus lentes y sentenció: - Faltan cinco minutos -.

Fijó la vista en las dos grandes puertas dispuestas a la mitad del nuevo pasillo y esperó.

Súbitamente las dos puertas se abrieron de par en par. De extremo opuesto del pasillo apareció a la carrera un tipo con una gorra negra y sostuvo una de las puertas. Un carro con ruedas llevando dos grandes tubos de aire apareció por esa entrada, empujado por dos hombres. - Sergio siempre les ayuda - Se dijo y siguió mirando la escena meticulosamente.

El tipo de gorra negra era Sergio, el guardia de seguridad. Como siempre dudó, y como siempre también les ayudó a llevar el carro a los dos hombres. Edmundo sonrió y salió a la carrera hacia las dos puertas abiertas de par en par, mientras los tres hombres se perdían por un codo del pasillo, mas allá. Cansado por los veinte metros atravesados, se sostuvo de una de las puertas y súbitamente levantó la vista hacia el portón de reja de la entrada. Se encontraba abierta también. Esquivó la camioneta estacionada de culata, repleta de tubos de oxígeno y se dirigió con paso firme hacia las rejas. Algo lo sobresaltó, se acordó del otro guardia y se agachó furtivamente al lado de la trompa de la camioneta. Sigilosamente se acercó hasta la garita situada a un costado del portón de y la examinó desde atrás de un arbusto. Estaba vacía. Sin dudar, se sacó la bata y la arrojó al lado de su arbusto escondite. Atravesó el umbral del portón, y sintió un gran alivió. Llenó de aire sus pulmones y echando una última mirada nerviosa hacia dentro del geriátrico, caminó furtivamente, todo lo que le permitían la fuerza de sus piernas, por la parte donde los árboles formaban una larga sombra en la vereda lindante a la mole de piedra que conformada el geriátrico San Roque.

Así anduvo un par de cuadras y en una esquina se apoyó agotado en un poste de luz. Metió la mano dentro del saco de su traje y de un bolsillo interno extrajo un papel plegado en cuatro partes. Era la carta de Mario, fue directamente a la firma y hablándole como si lo hiciera al mismo Mario, dijo sonriendo: - Como los viejos tiempos Marito. Los cuatro como los viejos tiempos, por fin se nos va a hacer -.

Del bolsillo derecho de su chaqueta sacó otro papel, aunque lo había hecho cientos de veces, volvió a leerlo. Lo guardo y aguardó junto al poste. Fijó la vista en un coche que se asomó en la esquina y dobló en dirección a él. Forzando la vista, trató de ver si estaba en los cierto. Sabiéndolo o no, estiró la mano y gritó - ¡Taxi! -.

Había acertado era un taxi y estaba libre. Se zambulló dentro y el conductor preguntó:

- ¿Adonde abuelo? -

- No soy su abuelo - Inquirió Edmundo ofuscado y agregó: - Siga derecho, yo le indico -.

- Bue -. Respondió el taxista y arrancó.

Durante el viaje, Edmundo, que había ansiado este momento. Pensó nuevamente en el encuentro. Se le llenaron los ojos de lágrimas y repitió entre pensamiento y pensamiento:

- Espero que estemos todos -.

- Acá esta bien - Indicó Edmundo mientras sacaba un rollito de billetes apretados con una gomita de látex.

Se quedó unos minutos delante de los grandes portones. Buscó algo en sus bolsillos y sobresaltado se dijo: - ¡La pucha digo. Que viejo tarambana! -

Examinó con la vista la vereda de enfrente de donde estaba. Descubrió uno abierto y dirigió allí:

- Deme de esas -. Le dijo al que atendía señalándole con el dedo

- ¿De estas abuelo? - Agregó el hombre.

- No soy su abuelo. Si de esas -.

Volvió a los portones y mientras amanecía los atravesó. Volvió a sacar el papel del bolsillo del saco, lo examinó, levanto la vista y se dirigió con paso seguro a su destino.

Luego de dar varias vueltas frenó en seco. Ya era de día y las letras eran grandes. Sobre la lápida de mármol el letrero claramente decía: Mario Agüero.

A Edmundo se le llenaron los ojos de lágrimas.

- Hola Marito - Saludó. Una lágrima corría por su mejilla. - ¡No sea sonso viejo! -. Se dijo y se secó la lágrima con el puño del saco.

- Bueno, acá estoy, como pedías en la carta. Perdoná que me atrasé algunos años. Son los achaques de viejo, pero ahora estoy mejor. 20 de julio, como invitaste, el año no importa -

-

Levantó la vista hacia los portones y examinó un rato hacia esa dirección y luego volvió a la tumba de su amigo.

- Mas de 50 años juntos Marito, quien lo diría. No te preocupes por el Turco y Medina, no habrán podido llegar. Pero nadie se olvida de 50 años Marito, seguro están pensando en nosotros. Vamos a tener que hacer uno de dos nomás -

Edmundo extrajo de su saco las cartas españolas recién compradas y repartió tres para el y arrojó tres encima del mármol.

Sacó un puñado de porotos y también los arrojó a la tumba. Se quedó unos minutos observando las cartas y súbitamente sintió una terrible angustia. Antes de que primer lágrima brotara de sus ojos. Escuchó el inconfundible vozarrón del Turco:

- ¡Dos mentirosos se juntaron! -

- ¿Nos iban a dejar afuera che? - Agregó Medina, que caminaba paso cansino a su lado.

Edmundo se incorporó rápidamente y los otros dos aceleraron el paso.

- Pensé que no venían - expresó Edmundo.

- ¿Vos te crees que sos el único loco que se puede escapar de un geriátrico? Respondió el Turco - Además ¿Cuándo te fallé a un truco en 50 años? -

Los tres se abrazaron y rieron.

- Dale repartí que Marito esta impaciente -. Volvieron a reír. Dos guardias de seguridad se acercaron, amedrentadores y uno preguntó:

- ….Días. ¿Se puede saber que hacen acá? -.

- ¿Está ciego hombre? ¡Somos cuatro amigos jugando al truco! Respondió el Turco.

- Es que acá no se puede hacer bulla -.

- ¡Pero si nadie se quejó! Los tres ancianos volvieron a reír. Medina agregó: ¡Es el día del amigo hombre! Y estamos jugando un partido que dejamos pendiente hace 15 años. ¿Vos le fallarías a un amigo?

El segundo guardia miró compasivo a los tres ancianos y le dijo al primero. - Dejalos -.

Esa mañana, el silencio del cementerio solo era quebrado por gritos como: ¡Envido!, ¡Falta envido! Y por la algarabía típica de 4 amigos entrañables jugando al truco.

Gonzalo Novara

Momento

Posted by: admin   
Abril 11th,
2008
Momento que no me deja un momento.
¡qué momento!.
Momentos de dichas
y fortunas que agradezco.
Momentos únicos en que
¿me encuentro o me desencuentro?.
En esos momentos mis pupilas,
lanzan solo destellosde
calidad impagable por sufrimiento.
Pero solo en esos momentos,pero como en ese momento,
hay otros, como tantos otros no habrán.
Momentos y más momentos que pasan a cada momento,
por esta cordura que no pueden ser inocente
a los ojos,
 a los pies, 
 a las manos de un sediento
como la sed que me invade en este momento.
Cortos caminos se nutren de momentos,
que bien puestos en su momento llegan a ser buenos,
otros demasiados,
yo me quedo sin tiempo.
Qué asfixiaste!
por no darse cuenta ni siquiera de este momento,
de aquellos momentos que fueron solo eso,solo momentos
indescifrables,
 irreductibles,
 irrefutables. 
Momentos escritos
como legajos
de nuestro próximos momentos.
¿Quién dijo que la felicidad era sólo un momento?

Posted by: admin   
Marzo 15th,
2008
En la profundidad de la noche
se cruzan perplejas las medianeras de la persecuta
rozan suavemente las notas de esta agonía
entrelazando historias obstinadas.
Muerden el filo de los paréntesis
entre la vida y la muerte
mezclando tristeza con virtud
y los hilos tejidos de dulces aromas
se vuelven inerte ante tal descortesía
como los enredos
macabros de los impulsivos.

Encuentro

Posted by: admin   
Marzo 13th,
2008

Necesidad de decirle a mi encuentro
que después de tanto tiempo
las huellas que agrietaron mis pies
dan fuerzas a mis pasos.
Como a las piedras donde
me recosté en invierno,
sofoqué en otoño,
amé en primavera,
y olvidé en verano.
Entendí,
el cambio largo y pesado
donde en tu ausencia
fui descubriendo la magia
en otros horizontes
que me hicieron tolerable el mundo;
que hoy siento casi mío.
Egoísta,
lo afirmo a mis enemigos
y lo oculto ante mis amigos.
Me cubre la incertidumbre
pero deseo
que se vuelva infinito
Recorro nuevos caminos
y veo la transformación
de distinta cimas.
Perdona mis errores,
les rescato la alegría
después de tanto desvelo
me despierto
agradeciendo a Dios que te tengo.

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